miércoles, 3 de febrero de 2016

UN DÍA FUERA (Lerma, Covarrubias, Silos)


Un domingo bobo de esos de no hacer nada, pero también un día de invierno de esos que firmabas por repetir... que alegría da el sol de invierno...

Creo que fue mi hermano el que dijo: -Vámonos a conocer Lerma. Y fuimos. ¿Qué mas hay que pensar?

A pesar de lo cortos que son los días de invierno, madrugando un pelín el día nos dió mucho de sí. 

¡Qué bonita es la provincia de Burgos! En un día visitamos tres pueblos, muy cercanos entre sí, de los que su mayor atractivo es simplemente llegar y ver como ha quedado el tiempo detenido en las calles y casas. Lerma, Covarrubias, Santo Domingo de Silos. Todos a orillas del Arlanza



Comenzamos en Lerma, pueblo castellano de historia bajo cada piedra, desde la que se gobernó el mundo. Villa de recreo del Duque de Lerma y corte para escritores como Góngora y Lope de Vega. Impresionante palacio ducal que recuerda al alcázar de Toledo o el Escorial. Hoy en día es un impresionante hotel. No puede olvidarse ni la colegiata, ni la plaza de Santa Clara. Lo mejor de caminar por estos pueblos es que sin necesidad de mapa ni guía, el recorrido de las calles mismo te va guiando hacia los lugares más destacados.

Covarrubias es un pueblo de menos historia, pero que disputa en encanto con Lerma. Todas las casas del pueblo muestran con orgullo y respeto por su historia una estructura típicamente castellana de adobe blanco y vigas de madera vista, con largos corredores de soportal de madera vieja. 
El entresijo de casas junto con el hermoso paseo junto al río Arlanza... es un pueblo ideal para pasar el día haciendo picnic y disfrutando del aire libre.  Detalle gracioso? Covarrubias lo fundó el rey godo Chindasvinto. Chindas, para los amigos. 






Para terminar el día, nos dirigimos al monasterio de Santo Domingo de Silos, el pueblo es muy hermoso en sí mismo, pero el centro de nuestra atención era por supuesto el monasterio, y su impecable claustro románico. Dentro del atrio, se encuentra el famoso ciprés centenario; combinación perfecta entre la hermosura de la naturaleza y de la arquitectura humana. 
Se me ocurrió pensar en todas esas columnas, tan valiosas como son, a semejanza del mismo tronco del ciprés, lo rodean pero ninguna lo iguala. 
No abandonéis el monasterio sin admirar el tejo centenario... milenario? que se encuentra a la entrada. Sin duda el tejo es mi árbol favorito. Me recordó a los que hay en Las Granja de San Ildefonso.




No sé si es porque era domingo, o simplemente tuvimos mucha suerte, pero después de la visita pudimos entrar en la iglesia del convento y escuchar a los monjes cantar. Qué vida tan distinta y pacífica llevan con respecto a nosotros. Se daba un contraste tan grande entre ellos y el público, que me recordó a un avistamiento alienígena, o quizá, a un viaje en el tiempo. Sus cantos, tan espirituales que la meditación resulta inevitable. Abandonamos Santo Domingo de Silos con una nueva perspectiva de nuestras vidas y el corazón ensanchecido. 

Tan espiritual fué el final de nuestra visita que olvidamos lo terrenal, y nos perdimos en el camino de vuelta. Lo positivo, que vimos un par de corzos cruzar la carretera, sin mayores daños.





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