miércoles, 19 de octubre de 2016

Finde de pueblines costeros



Una de las primeras cositas que se aprende de la vida de mami es: Si quieres hacerlo hazlo en cuanto puedas!!

Este verano ha sido genial por tener a mi niña pero un verano en la ciudad se me ha hecho LAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAARGO. Calor, calor, ciudad vacía, yo sin poder bañarme... me ha servido para valorar aún más el verano que suelo tener... ¡ya te digo!

El caso es que ahora que Eva es más mayorcica y se puede hacer cualquier cosa con mayor libertad, yo ya no podía esperar más para hacer un viaje. ¡Aunque fuera una escapadita!

También tenía ganas de sacar a Eva a conocer mundo, y saber que tal se nos portaba fuera de casa. ¡Vaya dormilona! Conocer no ha conocido mucho pero nos dejó hacer todo lo que quisimos. 

Este pasado fin de semana mi chico y yo cumpliamos.... ¡12 años de novios! ¡Madre mía que viejos somos! Total que buscadita en internet, llamadita al hotel.... chis chas... finde preparado.

Y con estas nos fuimos a Luarca el viernes por la tarde en cuanto THE FATHER salió de currar. Llegamos al hotel a eso de las 9 ya cansadetes, asi que dimos un bañito a la nena y pasamos la noche de tranquis en el hotel.

Estuvimos en el HOTEL VILLA DE LUARCA. Es una antigua casa de indianos muy cuidadita. Lo mejor, el silencio que reina,  el suelo original de tarima, las escaleras, la vidriera del techo... en fin la casa!! Lo peor, pues que la entrada no está adaptada a sillas de ruedas, ni a sillitas!! ufff

Como ya estábamos allí, el sábado por la mañana nos levantamos prontito y sin prisas desayunamos y nos fuimos a conocer Luarca. Me encanta visitar pueblos pequeñitos y preciosos, de los que te pones a pasear, y lo ves todo. Sin prisas, sin mapas, solo paseando y listo. Lo más bonito de Luarca sin duda el puerto, y las vistas del pueblo en conjunto desde arriba. Lo vimos todo en una mañana.

Y después cogimos el coche para ir a Ribadeo. Ribadeo de casas de indianos por doquier, Ribadeo de parques, de verdes y de azules. Hermoso. 




Teníamos pensado comer allí porque la marea baja para ver la playa de las Catedrales era a las 15:30. Precisamente por eso, pensamos en comer pronto. ¡Que buenísima idea!
A la 1, si has madrugado, ya estás muertito de hambre, y además todos los restaurantes están ya abiertos, pero están casi vacíos, los camareros descansados, sin estrés... en fin, una idea que repetiremos. Comimos nuestro pulpito, nuestros padrones... de maravilla. Luego cafetín en una terraza... ¡porque madre mía que día más bueno nos hizo! Y a la playa de las Catedrales.




La Playa de las Catedrales está siempre hasta la bandera, que se le va a hacer, pero un fin de semana de Octubre sin puente... no nos podemos quejar. Llegamos a las 15:30 justos y nos dió tiempo de sobra para verlo todo y pasear tranquilamente. Aunque hacía un viento... Es cierto que es muy bonita, pero la llevaba un poco idealizada en la cabeza la verdad.

Al día siguiente visitamos la Playa del Silencio por la mañana. Ésta está en Asturias, dicen que la playa mas bonita de Asturias. Fuímos dando un paseo de 1km desde el pueblo de Castañeras. El paseo de ida no es nada, el de vuelta sufres un poco por la escalinata de la playa sobre todo. 

Aunque es de piedras, es preciosa. Lo mejor, la vista desde arriba. Está resguardada del viento y realmente es un lugar muy silencioso. Solo oyes el mar, y es genial porque apenas había otra pareja en toda la playa; nada que ver con la del día anterior. Lo peor, es que allí donde llegaba la marea cuando está más alta, había una montonera de basura de mar: redes, sedales, latas, y toda una variedad de basura hecha un amasijo apestoso. NO me estoy quejando de la playa, ni siquiera me quejo del ayuntamiento responsable que no lo limpiara (aquí se nota la temporada baja) me quejo de la humanidad. Somos un asco. Qué triste ¿no?




Con un ratito de tranquilidad tuvimos suficiente. Terminamos nuestro viaje en Cudillero. La verdad, pensé que no sería tan bonito como Luarca, ¡pero por ahí se andan! El puerto y el pueblo de Cudillero son uno. El pueblin, completamente mirando a la mar, de espaldas al resto del mundo. Todas las casas asomadas una por encima de la anterior como si no quisieran perderse una ola. Precioso. La parte más baja, junto a la mar, tiene la forma de una plaza, bastante amplia, y llena de terracitas, que un buen día de octubre, como el que tuvimos, son el paraíso. Los menús están acordados entre 17 y 18 €; y los pagas con tal de comer en un sitio tan bonito. Además de que estaba rico rico. Almejas con fabes que no había probado y me encantaron. De segundo en consabido cachopo. ¡¡Y ya no pude ni cenar!!

Y con estas nos marchamos a casita, con el buche lleno de cosas ricas y los ojos llenos de cosas hermosas.





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